Los cánceres de mama representan la forma
más abundante de cáncer de la especie humana.
Actualmente se estima que afecta a una de cada 9 mujeres en
EE.UU., cifra que tienden velozmente a igualar los países
europeos a medida que se globaliza el modo de vida americano.
En torno a la mitad de los cánceres de mama son ricos
en receptores de estrógenos, lo que permite clasificarlos
como cánceres dependientes de estrógenos, o que
los estrógenos estuvieron en el principio de la carcinogénesis.
La presencia de los receptores permite utilizarlos como diana
terapéutica, pues permiten identificar qué pacientes
se pueden beneficiar del tratamiento con antiestrógenos
(Tamoxifen).
El éxito del tratamiento con antiestrógenos ha
llevado a la utilización de Tamoxifen como agente para
la quimioprevención de cáncer de mama en pacientes
de riesgo. La quimioprevención produjo resultados esperanzadores,
pero con efectos adversos importantes en el conjunto de las
pacientes [21].
La posibilidad de bloquear la producción de estrógenos
mediante inhibidores del enzima clave de la síntesis
de estradiol, la aromatasa, ha proporcionado un nuevo agente
sumamente útil para el tratamiento. Los inhibidores de
aromatasa se ha comprobado que son igualmente eficaces que el
Tamoxifen, y menos tóxicos, por lo que parece que van
a ocupar la primera línea de tratamiento. En la actualidad
está en marcha un importante ensayo clínico para
comprobar la eficacia de inhibidores de aromatasa frente a Tamoxifen
en la prevención del cáncer de mama.