Los estrógenos como carcinógenos
La capacidad carcinogénica de los estrógenos
está relacionada con su potencial para la inducción
de proliferación celular en varias estirpes celulares.
Esta capacidad es espectacular en el epitelio endometrial, donde
inyección de mínimas cantidades de estradiol -que
producen concentraciones de 10-10 M- son suficientes para poner
en marcha la maquinaria molecular de división celular
[7].
Pero es evidente que inducción de proliferación
no es equivalente a inducción de carcinogénesis.
De hecho, las células epiteliales mamarias -entre otras-
se pasan toda la vida dividiéndose y entrando en apoptosis,
sin que por ello se produzcan necesariamente tumores.
El epitelio mamario también responde a los estrógenos,
que provocan la entrada de algunas células en el ciclo
de división celular [12].
Esta diferencia de respuesta es seguramente debida a la desigual
distribución de los receptores de estrógenos (RE)
en ambos tejidos. Los RE son intermediarios necesarios en la
acción estrogénica, pero varían ampliamente
entre tejidos, e incluso entre células epiteliales del
mismo tejido. La abundancia de RE asegura una mejor respuesta
a los estrógenos en endometrio que en mama. Además,
los estrógenos seguramente encuentran ya sintetizados
en el epitelio endometrial otros elementos importantes para
el funcionamiento de la maquinaria de división celular
[13].
Desde los años 70 sabemos que los cánceres de
mama que son dependientes de estrógenos se caracterizan
por tener una concentración elevada de RE (Anim.
2). Esta concentración es significativamente más
elevada que en el epitelio mamario normal. Esta certeza conlleva
a otra: seguramente los cánceres de mama dependientes
de estrógenos se desarrollaron en células del
epitelio mamario con mayor concentración de RE. Es posible
que en condiciones de baja estrogenicidad -después de
la menopausia el nivel plasmático de estrógenos
es muy bajo- algunas células del epitelio mamario mejor
dotadas de RE adquieran ventaja proliferativa, o al menos de
supervivencia en un medio pobre en estrógenos. También
es posible que las células que tengan mayor capacidad
endógena de producir estradiol tengan ventaja proliferativa.
En fin, uno puede imaginar que la coincidencia de varios factores
que otorguen individualmente mínimas ventajas sobre las
células circundantes, pero que en conjunto les proporcione
la ventaja suficiente para proliferar más rápidamente
[6,7,14].
Con todo, proliferar rápidamente impulsadas por el estradiol
es lo que hacen las células endometriales normales. Pero
el cáncer de endometrio es una enfermedad bastante más
rara que el de mama. Esto nos lleva a concluir que hace falta
que ocurran otras cosas en las células mamarias en división
rápida impulsada por el estradiol para que se malignicen.
Los cánceres de mama dependientes de estrógenos
acumulan un conjunto bastante amplio de alteraciones genéticas
y desregulaciones funcionales cuando consideramos a diferentes
pacientes. No obstante, estas alteraciones y disfunciones no
siguen un patrón común; más bien parece
que se acumulan aleatoriamente en el tumor de cada paciente
[15].
Por lo que hasta hoy sabemos, la malignización de las
células mamarias tiene lugar como consecuencia de la
proliferación rápida impulsada por el estradiol.
En tales condiciones, a las alteraciones genéticas inducidas
por agentes externos presentes en todas las células del
organismo, se acumulan otras alteraciones genéticas debidas
a fallos en la duplicación del ADN y en la corrección
de dichos errores. Todas estas alteraciones inducidas y espontáneas
acaban por afectar a importantes genes reguladores. La consecuente
aparición de disfunciones génicas y desregulaciones
de procesos celulares básicos da lugar a la aparición
de células malignas que escapan al control de los genes
supresores (Animación
4: Carcinogénesis estrogénica). Estos principios
son actualmente aceptados como los fundamentos de la carcinogénesis
mamaria dependiente de estrógenos [6,8].